Salmo del día
El salmo pide a Dios que conceda al rey justicia para gobernar con rectitud. Anuncia días de paz, dominio universal y defensa de los pobres. Su nombre será eterno y todos los pueblos lo bendecirán.

El Salmo 71 proclama un reinado de justicia y paz que protege a los más vulnerables
En la liturgia de este miércoles, el Salmo 71 vuelve a resonar como un himno a la justicia, la equidad y la misericordia que deben caracterizar a un auténtico gobernante. Bajo la antífona “En sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente”, el texto presenta una visión esperanzadora de un reinado ideal, inspirado en la sabiduría y rectitud divinas.
El salmista implora a Dios que conceda al rey un juicio justo y al heredero real la capacidad de gobernar con rectitud, especialmente en favor de los humildes. Esta petición articula una de las aspiraciones centrales del pueblo bíblico: un liderazgo que proteja al débil y promueva un orden social basado en la equidad.
El poema litúrgico describe, además, un horizonte de paz que perdura “hasta que falte la luna” y un dominio que se extiende “de mar a mar”. Estas imágenes, cargadas de simbolismo, subrayan la universalidad de un reinado que no se limita a lo político, sino que apunta a una armonía profunda entre los pueblos.
Uno de los ejes del salmo es la opción preferencial por los vulnerables. Se afirma que el soberano justo “librará al pobre que clamaba” y “salvará la vida de los indigentes”, una descripción que, para la tradición cristiana, anticipa la misión misericordiosa del Mesías.
El cierre del salmo exalta la permanencia del nombre del rey justo, cuya fama —según el texto— perdurará como el sol y será motivo de bendición para todas las naciones. Esta perspectiva universal refuerza el carácter profético del salmo, que trasciende su contexto histórico para convertirse en un canto de esperanza para la humanidad.



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